Adiós a las historias de superación: los grandes museos empiezan a contar la discapacidad sin lástima ni heroísmo
Hace una semana escribíamos sobre Superpaco y el Mulhacén y sobre lo que esas historias dicen y no dicen de nuestros hijos. Hoy El País cuenta que algunos de los museos más importantes de Europa han llegado a la misma conclusión: se acabó contar la discapacidad como una historia de superación.
Qué está pasando
El Palais de Tokyo de París reúne bajo el título Estándares corporales ocho exposiciones sobre cuerpos y formas de ser que no encajan en la norma: discapacidad, neurodivergencia, fragilidad, vulnerabilidad. Entre los artistas está Cathy de Monchaux, cuya neurodivergencia infantil acabó siendo el motor de su obra, y Benoît Piéron, que ha vivido con la enfermedad desde que nació y trabaja con los materiales de la vida de hospital. Piéron resume la idea en una frase: lo que le interesa es enriquecer un vocabulario marcado por el capacitismo.
En Escocia, el V&A de Dundee muestra hasta el 4 de octubre Design and Disability, más de 200 inventos creados por y para personas con discapacidad, desde tacones para prótesis hasta mandos de consola con botones extragrandes. En Berlín, el Gropius Bau dedicó una retrospectiva a Diane Arbus, la fotógrafa que en los sesenta retrató cuerpos no normativos sin convertirlos en víctimas.
Y Madrid llega en 2027: el Museo Reina Sofía coproduce Virages Vierges, de Pauline Curnier, y la traerá a su sede. Su director, Manuel Segade, lo enmarca en algo que el museo ya trabaja: poner el cuerpo, en toda su diversidad, como eje central.
En España el cambio venía del cine y el teatro: Sorda se llevó tres Goyas este año, Supernormales llena teatros y libros como Lectura fácil o Fantasma ya lo habían contado antes.
Qué significa para las familias
Puede parecer que una exposición en París queda lejos de la logopedia del martes. No lo está. Cómo se cuenta a las personas con discapacidad es cómo se mira a nuestros hijos en el patio, en la consulta y en la entrevista de trabajo dentro de quince años.
- El relato de superación tiene un precio: si el que sube la montaña es un héroe, el que no puede subirla es un fracaso. Nuestros hijos no necesitan ser héroes. Necesitan una plaza, un apoyo y que nadie les hable en diminutivo.
- Los comisarios de estas muestras hablan de evitar el «porno inspiracional», ese relato condescendiente que se usa para emocionar al público sin discapacidad. Es el mismo reflejo que nos pide un vídeo tierno y no un presupuesto.
- Lo que empieza en los museos acaba en los libros de texto y en los telediarios. Cuando pase, será porque alguien lo empujó.
Lo que falta
El artículo no dice si las exposiciones tienen recorridos accesibles, lectura fácil o visitas adaptadas, que es lo primero que preguntaría cualquiera de nosotros antes de ir con su hijo. Cuando el Reina Sofía anuncie fechas y condiciones de la muestra de 2027, lo contaremos.
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