Casi la mitad de los niños con discapacidad se queda fuera del ocio, y uno de cada cuatro que entra acaba yéndose
Es la semana de apuntar a los niños a las extraescolares. Y es, cada año, la semana en la que muchas familias descubrimos que el catálogo del ayuntamiento no estaba pensado para nuestro hijo. Ahora hay cifras que lo dicen: según un estudio de Fundación ONCE presentado el 6 de septiembre, el 48% de los niños con discapacidad no participa en actividades de ocio. El otro 52%, sí.
El dato se conoció en un diálogo organizado por Servimedia sobre ocio y tiempo libre para niños con discapacidad en España, y lo recogen Servimedia y 20minutos.
Los números que duelen porque los conoces
- Un 27% abandona. De los que sí entran en una actividad, más de uno de cada cuatro acaba dejándola por falta de inclusión. No es que no les guste: es que no encajan y nadie ajusta nada.
- Cuanto más apoyo hace falta, menos sitio hay. La participación baja del 52% al 38% cuando el niño necesita apoyos intensos. La actividad inclusiva lo es hasta que cuesta dinero o personal.
- A un 22% le dijeron que no. Alrededor de una quinta parte de las familias cuyo hijo no participa lo había intentado y recibió una negativa.
- Estar no es participar. Un 32% de las familias ve que su hijo se limita a mirar cómo juegan los demás, y solo un 40% cree que interactúa de verdad con otros niños.
- Un 27% de las familias ha recibido una invitación a marcharse. Y una de cada cuatro señala que sencillamente no hay plazas.
Ana Sastre, de Fundación ONCE, lo resumió en una frase que conviene no suavizar: «el acceso no es equitativo». En el diálogo participaron también el secretario de Estado de Juventud e Infancia, Rubén Pérez Correa; Rocío Manzaneque, del Ayuntamiento de Majadahonda; Mónica Mir, de Best Buddies España, y Ana Díaz, de la ONCE.
Qué significa para las familias
Lo primero, un alivio raro: no era cosa vuestra. Cuando te dicen que «este año no hay monitor de apoyo» o que «quizá esté más cómodo en un grupo más pequeño», es fácil llevárselo a casa como si el problema fuera tu hijo. La mitad de las familias del país está oyendo lo mismo.
Lo segundo, algo que sí se puede hacer. Pide el ajuste por escrito y pídelo pronto, antes de que se cierren los grupos: qué apoyo necesita, cuántas horas, qué pasa en las transiciones y en el patio. Un correo deja rastro; una conversación en la puerta, no. Si la respuesta es un no, ese correo es lo que después sostiene una queja ante el ayuntamiento o ante la entidad organizadora.
Y lo tercero: el ocio no siempre está en el folleto municipal. Muchas asociaciones y fundaciones de discapacidad organizan ocio y respiro con monitores formados, a veces en el pueblo de al lado. En nuestro directorio de ocio y respiro y en la página de cada municipio tienes lo que hay cerca de casa, con teléfono.
Lo que todavía no sabemos
El estudio se presentó en un acto, no como informe completo: no hemos podido leer la metodología, ni el tamaño de la muestra, ni cómo se definió «actividad de ocio». Son cifras que vienen de una fuente solvente y que encajan con lo que cuentan las familias, pero hasta que Fundación ONCE publique el documento no se puede afinar más. Cuando esté, lo enlazamos aquí.
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