Plena Inclusión Ceuta: muchos usuarios con discapacidad intelectual han dejado de ir al centro «por miedo» tras robos y pintadas
Para una persona con discapacidad intelectual, el centro de día no es «una actividad». Es la rutina que sostiene todo lo demás: levantarse a una hora, ver a la misma gente, hacer el mismo camino. Cuando eso se rompe, se nota en casa esa misma semana. Por eso esta noticia de Ceuta va más allá de una queja vecinal.
Plena Inclusión Ceuta cuenta que «hay un gran número de usuarios que no están viniendo por miedo», según recoge Servimedia. Lo explica su presidenta, Amalia Caravaca: «las familias nos han manifestado que tienen miedo por la falta de seguridad».
Qué ha pasado
La entidad atiende a más de 150 personas con discapacidad intelectual y está en la barriada Juan Carlos I, cerca de los asentamientos que se han formado con la llegada de personas migrantes desde finales de julio. En estas semanas ha sufrido:
- Entradas nocturnas en las instalaciones, con hurtos y pintadas en las aulas.
- Vehículos de la entidad abiertos, y un extintor vaciado dentro de uno de ellos.
La consecuencia ha sido doble. Por un lado, los usuarios que se quedan en casa. Por otro, la suspensión de las salidas: playas, museos, cafeterías. Se ha cancelado el uso de la Playa del Trampolín, adaptada para personas con movilidad reducida, y el programa de autonomía personal en la vivienda de Loma Colmenar está encontrando obstáculos para seguir.
Qué piden
Dos cosas concretas: más presencia de las fuerzas de seguridad en la zona y vigilancia privada en las entradas, como ya tienen otros centros educativos de la ciudad. Plena Inclusión España les ha ofrecido apoyo «personal, económico y todo lo que necesitemos».
Qué significa para las familias
Lo digo desde casa: perder la rutina no es una molestia, es un retroceso. Semanas sin centro se traducen en conductas que habían desaparecido, en sueño desordenado, en una familia que vuelve a cuidar veinticuatro horas. Y las salidas que se han suspendido, la playa adaptada o el café en un bar, son exactamente la parte del programa que enseña a vivir fuera de casa. Es lo último que debería caerse.
Esta noticia no va de quién tiene la culpa de lo que pasa en Ceuta. Va de que un centro con 150 personas con discapacidad intelectual necesita lo mismo que tiene cualquier colegio de la ciudad: una puerta vigilada. Es una petición pequeña y razonable, y por eso merece que se conozca fuera de Ceuta.
Si tienes a alguien en Plena Inclusión Ceuta y ha dejado de ir, habla con la entidad antes de dar la plaza por perdida: son ellos quienes están peleando esto y quienes sabrán decirte cuándo vuelve la normalidad. Los recursos de discapacidad de la ciudad, con teléfono, están en la página de Ceuta y en su guía de ayudas.
Lo que falta por confirmar: la nota no recoge respuesta de la Delegación del Gobierno ni de la Ciudad Autónoma. Cuando la haya, la añadiré aquí.
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