«¿Por qué no tengo amigas?»: la pregunta que más duele y de la que menos se habla
Hay preguntas de hijo que un padre no olvida. “¿Por qué no tengo amigas?” es una de ellas. Esta semana la ha puesto sobre la mesa un testimonio recogido por ABC que alerta de la soledad de los niños con discapacidad. Y lo agradecemos, porque de las terapias, las ayudas y los colegios se habla mucho; de que nuestros hijos se quedan solos en el patio, casi nada.
En casa la conocemos. Los cumpleaños a los que dejan de invitar. El grupo de WhatsApp de la pandilla que nunca llega. El verano, que es cuando más se nota, porque no hay ni siquiera el roce del aula.
Lo que dice quien lo ha estudiado (y quien lo vive)
Dos cosas que conviene tener claras para no equivocarnos de culpable:
- No es “cosa de su condición”. Los estudios sobre soledad y discapacidad apuntan a que pesan más las barreras sociales — entornos no pensados para incluir, actividades sin apoyos, prejuicios — que la propia discapacidad. UNICEF lleva años avisando de que los niños con discapacidad son de los grupos más excluidos socialmente.
- Ellos lo saben decir. Cuando Plena Inclusión Madrid preguntó a personas con autismo por la soledad no deseada, la respuesta más repetida no fue “quiero gente alrededor”, sino algo más fino: “tener a alguien con quien compartir mis preocupaciones y que no me juzgue”. Amigos de verdad, no compañía de decorado.
Qué se puede hacer (sin recetas mágicas)
No vamos a venderte que esto se arregla con tres consejos. Pero algunas cosas ayudan, y las decimos por experiencia:
- Ocio con apoyos, no ocio aparte. Los campamentos, clubes y actividades inclusivas — con monitores que saben — son donde nacen las amistades reales. Tenemos recopilado el ocio inclusivo y el respiro familiar por comunidades.
- Trabajar la amistad como se trabaja todo lo demás. Las habilidades sociales se pueden apoyar (en casa y en terapia) igual que el lenguaje o la autonomía. No es forzar: es darles herramientas para el patio.
- Hablar con el colegio del recreo, no solo de las notas. El patio es la asignatura sin profesor; hay centros que organizan “patios inclusivos” y cambian vidas con un balón y dos monitores.
- Y cuidarnos nosotros: la soledad del hijo duele al padre tanto como al niño. De eso hablamos en la guía sobre la frustración y la desesperanza del cuidador.
Nuestra lectura, como familia
Que un periódico generalista le dé espacio a esta pregunta es una buena noticia, porque la soledad no deseada se combate primero nombrándola. A los padres que estáis en ella: no es culpa de vuestro hijo, ni vuestra. Es un problema del entorno, y los entornos se cambian — despacio, cumpleaños a cumpleaños.
Si tu hijo o hija ha encontrado su pandilla y quieres contar cómo, escríbenos. Esas historias son oro para las familias que todavía escuchan la pregunta.
Fuentes
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