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Cómo explicar la separación a un hijo con discapacidad intelectual o TEA

Por · Publicado el 27 de julio de 2026

✅ Información contrastada con fuentes oficiales. Última revisión: 27 de julio de 2026.

Hay una tentación muy comprensible: no contarlo. Pensar que no se va a enterar, que no lo va a entender, que para qué removerlo. Y es justo al revés. Un niño con discapacidad intelectual o con TEA sí nota que uno de los dos ya no está por las noches, que hay cajas en el pasillo y que en casa se habla en voz baja. Lo que no tiene es la manera de preguntarlo.

Cuando no le damos una explicación, su cabeza construye una. Y la que construye casi siempre es peor: me he portado mal, papá no va a volver nunca, mamá también se va a ir.

Esta guía es para el día antes de esa conversación.

Las cinco reglas antes de abrir la boca

  1. Anticipad, no improviséis. Contádselo cuando ya esté decidido y antes de que se mude nadie. Lo peor para un niño que necesita previsibilidad es enterarse por una maleta.
  2. El mismo mensaje de los dos. Acordad literalmente las frases, palabra por palabra, y decid los dos lo mismo. Si cada uno cuenta una versión, el niño no elige: se rompe.
  3. Concreto y literal. Nada de metáforas, ni de «papá y mamá ya no se quieren igual». Con TEA, el lenguaje figurado no informa: confunde. Hablad de camas, mochilas, días y casas.
  4. Sin culpables y sin culpa suya. Que quede dicho en voz alta y sin rodeos: esto lo hemos decidido los mayores, tú no has hecho nada.
  5. Corto, repetido y con apoyo visual. No es una conversación: es la misma frase repetida veinte veces durante semanas, con imágenes delante.

El guion, en lectura fácil

La lectura fácil no es hablar como a un bebé. Es una forma de escribir con reglas: una idea por frase, frases cortas, palabras del día a día, orden directo y nada implícito. Este guion funciona leído en voz alta, impreso con pictogramas al lado de cada frase o pegado en la nevera.

Papá y mamá vamos a vivir en dos casas.

Tú vas a tener dos casas: la casa de papá y la casa de mamá.

En las dos casas tienes tu cama y tus cosas.

Papá te quiere. Mamá te quiere. Eso no cambia.

Tú no has hecho nada malo. Es una decisión de los mayores.

Vas a seguir yendo al colegio y a tu logopeda.

Seis frases. Ni una más el primer día. Y cuando pregunte —si pregunta— se responde con las mismas palabras, no con otras nuevas.

Si en casa usáis pictogramas, cada frase se acompaña de dos o tres imágenes: casa, papá, mamá, cama, colegio, corazón. Los pictogramas de ARASAAC son gratuitos y los podéis descargar sueltos; nuestra herramienta de historias con pictogramas os sirve para practicar el formato antes.

Las frases que parecen buenas y hacen daño

  • «Papá se va unos días de viaje.» Compra tranquilidad hoy y rompe la confianza dentro de un mes.
  • «Es un secreto, no lo cuentes en el colegio.» Le pone encima una carga que no puede sostener. El colegio debe saberlo — mejor si se lo contáis vosotros.
  • «Papá y mamá ya no se quieren.» La conclusión inmediata para un niño literal es: entonces a mí también pueden dejar de quererme.
  • «Tú dirás con quién quieres vivir.» Nunca. Esa decisión no es suya y ponérsela encima es cruel.
  • ❌ Hablarlo delante de él con otro adulto dando por hecho que no se entera. Se entera del tono, aunque no de las palabras.

La historia social: el formato que mejor funciona

Una historia social es un relato corto, en primera persona y en positivo, que describe lo que va a pasar en lugar de explicar sentimientos de adultos. Se lee muchas veces, siempre igual, y se puede llevar en la mochila.

Tres reglas para escribir la vuestra:

  • Escenas cortas y en orden temporal: llegar, cenar, dormir, volver. Una acción por escena.
  • Cosas que va a vivir de verdad esta semana, no ideas abstractas. Su cama nueva, la mochila, el coche de papá.
  • Final tranquilo y con la emoción nombrada: «en las dos casas estoy bien».

Un ejemplo del arranque, para que veáis el tono: «Yo tengo dos casas. Los lunes duermo en casa de mamá. Los viernes voy a casa de papá. En las dos casas tengo mi cama. En las dos casas estoy bien.»

No hace falta que la escribáis vosotros. Ya la tenéis hecha, con pictogramas y con vuestro hijo de protagonista: se llama «Tengo dos casas» y está en nuestro generador de historias con pictogramas, dentro de la categoría «Mis rutinas». Seis escenas —el calendario, la mochila, el peluche que siempre viaja, la llegada, la cena y la cama— en tres niveles de dificultad, con preguntas después de cada una. Se lee en pantalla con voz pausada y se puede imprimir en blanco y negro para colorearla.

Los apoyos visuales que sostienen el cambio

La conversación dura cinco minutos. Lo que de verdad calma es lo que se queda pegado en la pared:

  • Calendario de las dos casas con colores: un color por casa, el mes entero a la vista. Que pueda tocarlo y contar cuántas noches faltan.
  • Foto de la casa nueva y de su cama nueva, enseñada antes de la primera noche. Si se puede visitar antes, mejor todavía.
  • Un objeto puente que viaje siempre con él: el peluche, la manta, los cascos. No se duplica: viaja.
  • La agenda visual del día, la de siempre, replicada igual en las dos casas. Este es el punto que más se descuida y el que más regresiones evita — lo desarrollamos entero en una rutina, dos casas.
  • El plan de apoyo impreso por duplicado, uno en cada casa, para que quien esté con él sepa qué le calma y qué le desborda.

Contadlo también en el colegio y en las terapias

El mismo día. Un correo corto a la tutora y a la logopeda, sin detalles íntimos: «en casa hay un cambio, los padres vamos a vivir separados; puede haber semanas raras». No es cotilleo: es información clínica útil. Una regresión en el lenguaje, un aumento de estereotipias o un mal mes de conducta se interpretan de forma muy distinta si el equipo sabe lo que está pasando.

Señales de que le está costando más de la cuenta

Que haya semanas raras es normal — y suele durar entre uno y tres meses. Consultad con su psicólogo o su equipo si aparece y se mantiene: retroceso claro en habilidades que ya tenía (control de esfínteres, lenguaje), aumento fuerte de autolesiones o conductas de desregulación, rechazo a comer, o insomnio persistente. No esperéis al informe del trimestre.

Lo que de verdad le tranquiliza

No son las palabras. Es comprobar, día tras día, que lo que le dijisteis se cumple: que el viernes es viernes, que la mochila trae lo mismo, que la logopeda sigue siendo la misma y que en las dos casas hay alguien que sabe cómo se pone cuando algo le desborda.

Su seguridad no está en entender el divorcio. Está en que su semana siga siendo previsible.


Guía divulgativa de apoyo en casa, revisada a julio de 2026. No sustituye el criterio de su psicólogo, su logopeda ni su equipo educativo: si hay un plan terapéutico en marcha, comentadles antes cómo vais a contarlo.